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La Marcha Verde

Publicado: 11 E3Europe/Minsk 2021 20:03
por Antonio Villegas
Si queréis ver un articulo interesante sobre la Marcha Verde, podéis verlo en esta dirección.



http://www.elespiadigital.com/images/st ... 0VERDE.pdf

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E3Europe/Minsk 2021 20:03
por Jose Guasch Cañas
Nuestro común amigo y compañero,ha colgado este relato,que es muy interesante y muy ilustrativo.

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E3Europe/Minsk 2021 20:03
por Emilio Madroñal
Sobre el articulo mencionado más arriba. tengo que hacer una corrección, al Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 no se le envió como refuerzo ya estaba en el Sahára, antes del año 70 se llamó REGIMIENTO DE INGENIEROS DEL SAHARA, desde el 70 hasta
su disolución fué Regimiento Mixto de Ingenieros, nº 9, la bandera de dicho regimiento se encuentra depósitada en el Museo
del Ejercito de Toledo.

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E3Europe/Minsk 2021 20:03
por Jaume Manyosa
Emilio,
Si me permites una corrección, en el 66-67 el Regimiento Mixto de Ingenieros 9, se llamaba Regimiento Mixtos de Ingenieros del Sahara.
Un saludos
Jaume Manyosa
Ingenieros 199-67

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E3Europe/Minsk 2021 20:03
por Miguel Angel Font
De hecho la bandera del regimiento rodeando la gallina ponia Regimient Mixto del Sahara, yo y la Patrulla Madroño estuvimos en el Museo del Alcazar de Toledo y no vimos la bandera, de todas formas en el museo poco se puede ver de lo que era antiguamente el Alcazar y del Sahara solo se puede ver los uniformes de Tropas Nomadas Policia Territorial y son de oficiales, tambien algunas medallas y insignias. pero yo tengo la foto de la bandera original del regimiento .

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E3Europe/Minsk 2021 20:03
por Miguel Angel Font
Perdon en la Bandera ponia Ingenieros Regimiento Mixto del Sahara, tengo una bandera hecha copia del original del Regimiento.
Esta el la foto del original y seguia estando la misma cuando estuve.

Imagen

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E3Europe/Minsk 2021 20:03
por Jaume Manyosa
Hola Miguel A.
Realmente al ver esta bandera hace mal a los ojos, al haber la “gallina” como tu dices, por suerte ja ha pasado a la historia.
Lo interesante para los que hicimos nuestra mili en ese Regimiento sera obtener una fotografía de la bandera original y no de una reproducción que entiendo es la de la fotografía que has colgado.
El Museo Militar del Alcazar de Toledo, realmente es muy interesante, al cual pude visitar este pasado verano, pero del Sáhara como tu muy bien dices hay algunos uniformes, algunas condecoraciones y poca cosa mas, yo la Bandera no la vi, o no supe encontrar. Habrar que buscar.
Un abrazo
Jaume Manyosa
Rgto, Mixto de Ingenieros del Sáhara, 1966-67

PD. Si hubiera que continuar escribiendo sobre este tema entiendo que habria de abrir un nuevo apartado especifico.

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E3Europe/Minsk 2021 20:03
por Miguel Angel Font
Jaume Manyosa, esta bandera es el original que estaba en el cuartel no es una copia , repito es el original que habia en el cuartel, u como dices ya paso a la historia, simplemente es para demostrar, sobre los comentarios realizados aquí en el foro sobre el tema, de como se llamaba el Regimiento, que en el año 71 72 seguia siendo la misma.

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E3Europe/Minsk 2021 20:03
por Jaume Manyosa
Miguel Angel,
Aclarado el tema, al decir por un lado que, “pero yo tengo la foto de la bandera original del regimiento”, y despues “tengo una bandera hecha copia del original del Regimiento”, y luego dices. ”esta bandera es el original que estaba en el cuartel no es una copia, repito es el original que habia en el cuartel” , no lo había entendió bien.
Saludos
Jaume Manyosa
Ingenieros, 1966-67

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E4Europe/Minsk 2021 20:03
por Miguel Angel Font
Ok Jaume, hice el escrito para aclararlo porque vi que no lo habias entendido, y viendo que ya lo has comprendido te doy un fuerte abrazo y para el resto tambien, espero que algu dia se abra los foros para comentar cosas como estas de los cuarteles que son interesantes que cada uno cuente la historia del cuartel en que sirvió, yo no se si en alguna unidad habia una bandera mas o menos como la de Ingenieros, lo desconozco y si me gustaria saberlo.

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E4Europe/Minsk 2021 20:03
por Miguel Angel Font
Y como dice Anibal Smit del Equipo A, me encantan que los planes salgan bien, abrazotes para todos los Saharianos.

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E4Europe/Minsk 2021 20:03
por Jaume Manyosa
Hola a todos,
“Realmente al ver esta bandera hace mal a los ojos, al haber la “gallina” como tu dices, por suerte ja ha pasado a la historia”
Quiero dejar claro que el comentario que hice en este foro, me refería al Escudo no a la Bandera que colgo el compañero Miguel Angel Font.
Que cada uno lo interprete como quiera.
Un saludo
Jaume Manyosa
Ingenieros 1966-67

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E4Europe/Minsk 2021 20:03
por Miguel Angel Font
Parece ser que los Veteranos Saharianos les da miedo escribir en este foro, pues yo les animo a ello, vamos animaros y contar buestras experiencias de la mili, un abrazo.

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E5Europe/Minsk 2021 20:03
por Enrique Delgado
Es interesante el articulo, pero muy olvidadizo con la actuacion de los otros cuerpos, El Sr. Don Arturo Perez, escribia esto de algunas actuaciones de la Policia Territorial:

El otro día encontré su nombre por casualidad, en un reportaje sobre el intento de volar el parador nacional de El Aaiún, en 1975, cuando los marroquíes entraron en el Sáhara. A un militar español se le fue la olla y quiso cepillarse al estado mayor del general Dlimi -un importante hijo de puta, dicho sea de paso-, y otro militar español, un comandante de la Territorial, fue al parador, desmontó la bomba y le dijo al dinamitero que como volviera a jugar a terroristas le daba de hostias. Ese comandante de la Territorial se llamaba Fernando Labajos, había pasado la vida en África con la Legión y con tropas indígenas, y era duro de verdad. Flaco, moreno, la cara llena de cicatrices y mostacho negro. No de esos duros de discoteca que van por ahí marcando cuero y posturitas, sino duro de cojones. Además era mi amigo. Lo era tanto que cuando escribí aquella gamberrada histórica titulada La sombra del águila, lo reencarné en el concienzudo capitán García, del 326 de Línea. Y le dediqué el librito, a él y a un saharaui que estuvo bajo sus órdenes antes de unirse al Polisario y morir peleando en Uad Ashram: el cabo Relali uld Marahbi. Ahora también Fernando Labajos está muerto. Y aunque tenía los tres huevos fritos de coronel en la bocamanga cuando dejó de fumar, yo siempre me refiero a él como el comandante Labajos. Así lo conocí, y así lo recuerdo.

Hay cosas de mi larga relación sahariana con el comandante Labajos que no contaré nunca, ni siquiera ahora que a él ya le da lo mismo. Resumiré diciendo que era de esos tipos testarudos y valientes que lo mismo aparecen en los libros de Historia con monumentos en la plaza de su pueblo, que se enfrentan a un consejo de guerra, se comen una cadena perpetua o son fusilados en los fosos de un castillo. También tenía sus lados oscuros, como todo el mundo. Y el hígado hecho polvo, porque era capaz de echarse al cuerpo cualquier matarratas. Muchos de sus subordinados no lo querían, pero todos lo respetaban. Yo lo quería y lo respetaba, entre otras cosas porque me cobijó en su cuartel cuando llegué al Sáhara de corresponsal con veintitrés años y cara de crío, porque me hizo favores que le devolví cuando se jugó la piel y la carrera, y sobre todo porque una noche que los marroquíes atacaron Tah, en la frontera norte, y el general gobernador prohibió ir en socorro de los doce territoriales nativos de la guarnición para no irritar a Rabat -ya saben: esa digna firmeza española de toda la vida-, Fernando Labajos desobedeció las órdenes y organizó un contraataque. Para que quedase constancia de sus motivos si algo salía mal, me llevó con él en su Land Rover, a modo de testigo; y nunca olvidé aquellos setenta y cinco kilómetros rodando de noche hacia la frontera, los territoriales españoles y nativos embozados en sus turbantes en los coches, entre nubes de polvo, con el general histérico por la radio ordenando que la columna se volviese y Fernando Labajos respondiendo sólo con lacónicos «sin novedad», hasta que se hartó y apagó la puta radio, y a la vuelta no lo encerraron para toda la vida en un castillo de puro milagro, o tal vez porque había un periodista de testigo.

Ya he dicho que está muerto. De coronel, pues no quisieron ascenderlo a general. Muerto como lo está el cabo Belali, que aquella noche era uno de los doce nativos cercados en Tah. Como lo están el teniente coronel López Huerta, el teniente de nómadas Rex Regúlez y algunos otros que marcaron mi juventud y mis recuerdos. Muertos como el joven y apuesto Sergio Zamorano, el reportero Miguel Gil Moreno, el guerrillero Kibreab, el croata Grúber y algunos más -parece mentira la de amigos que llevo enterrados ya-. Qué cosas. Uno lleva todo eso consigo sin elegir llevarlo. Simplemente porque forma parte de su vida; y a veces se encuentra, sin proponérselo, dialogando con sus fantasmas ante una foto, una botella de algo, un recuerdo inesperado. Nostalgia, supongo. A fin de cuentas, somos lo que recordamos. Siempre hay uno que sobrevive para contarlo, decía el torero Luis Miguel Dominguín. Y un día, callado o ante otros, recuerdas. Lo cierto es que, aunque han transcurrido por lo menos quince años, el comandante Labajos es una de esas sombras más queridas. No sé si en los cuatrocientos cuatro artículos que llevo tecleados en esta página lo mencioné alguna vez. Pero al ver su nombre en el periódico, con la firma de otro, me he sentido extraño. Incómodo. Como si alguien hurgara en algo que me pertenece.

La última vez que lo vi acababa de casarse su hija. Él era el padrino. La boda era en Málaga, y yo fui a verlo al banquete de boda. Estaba con uniforme de gala y todas sus medallas, dejó plantados a los novios y los invitados y nos fuimos al bar a emborracharnos, hasta que vinieron a buscarlo. Ya les he dicho antes que era mi amigo.
La historia se debe de escribir toda.

Re: La Marcha Verde

Publicado: 11 E5Europe/Minsk 2021 20:03
por Enrique Delgado
En el articulo del periodico, expuesto por el Sr.Villegas, se escribe que a ultima hora, la legión se hizo cargo del control de los distintos barrios del Aaiun, observen este articulo de Don Arturo Perez:



Lo que voy a contarles ocurrió hace treinta y cinco años exactos, casi día por día, en diciembre de 1975; pero me acuerdo bastante bien. Es una historia que en su momento -yo era un jovencísimo reportero, enviado especial del diario Pueblo en el Sáhara desde hacía ocho meses- no me dejaron publicar. No eran buenos tiempos ni para la libertad de prensa ni para otras libertades, pero uno se las apañaba allí lo mejor que podía. Aunque en esta ocasión no pude. Recuerdo el episodio con mucho sentimiento, por varias razones. De una parte, los últimos sucesos en el Sáhara le dan, para mí, especial significado. De otra, algunos testigos fueron muy queridos amigos míos. Casi todos de los que tengo memoria están muertos, excepto el entonces capitán Yoyo Sandino, de la Policía Territorial, que creo estaba presente. Yo mismo viví la última parte del episodio; pero ya no recuerdo quién más estaba allí, aparte del teniente coronel López Huerta y el comandante Labajos, ya fallecidos. Acababa de morir Franco, y España entregaba el Sáhara a Hassán II. El Aaiún era una ciudad en estado de sitio, con toque de queda, cuarteles y barrios en poder de los marroquíes, y otros aún bajo autoridad española. Uno de éstos era Casas de Piedra, feudo del Polisario; la custodia de cuyo perímetro, rodeado de alambradas y caballos de Frisia, correspondía a la Policía Territorial. En sus sectores, la gendarmería real y las tropas marroquíes se comportaban con extremo rigor. Había innumerables detenidos. Y cada día, muchos jóvenes saharauis, así como veteranos de Tropas Nómadas y de la Territorial, huían al desierto para unirse a la guerrilla que ya combatía en las zonas abandonadas del este.

Aquella noche, una patrulla marroquí que pasaba cerca de Casas de Piedra fue tiroteada desde el otro lado de la alambrada. Los dos soldaditos españoles de guardia a la entrada del barrio -reclutas de mili obligatoria, destinados forzosos al Sáhara como policías territoriales- se apartaron de la luz, inquietos, y se quedaron allí hasta que hubo ruido de motores con resplandor de faros, y varios vehículos se detuvieron en el puesto de control. De ellos bajó nada menos que el coronel Dlimi, comandante general de las fuerzas marroquíes en el Sáhara, acompañado por todo su estado mayor y una sección de soldados de las fuerzas reales. Todos, incluido Dlimi, venían armados con fusiles de asalto, y estaban dispuestos a entrar en Casas de Piedra y arrasar el barrio como represalia por los tiros de media hora antes. Imaginen la escena: la noche, los faros iluminando la alambrada, el coronel en contraluz con todas sus estrellas y galones, y los dos soldaditos con todo aquello encima. Acojonados.

Lamento no recordar sus nombres, o tal vez no los supe nunca. Pero esto fue lo que hicieron: mientras uno de ellos echaba a correr hacia donde tenían la radio para avisar a sus jefes, el otro tragó saliva, se cuadró y les dijo a los marroquíes que no pasaban -yo conocí a su oficial superior, el eficaz y duro teniente Albaladejo, y estoy seguro de que el chico prefirió vérselas con ellos antes que con el teniente-. Como pueden ustedes suponer, Dlimi se puso hecho una pantera. A gritos, descompuesto, mandó al territorial que se quitara de allí o le iban a pasar por encima. Tengo órdenes de no dejar entrar a nadie, dijo éste. No sabes con quién estás hablando, etcétera, aulló el otro. Luego blandió su arma e hizo ademán de cruzar la alambrada, seguido por todos los suyos. Fue entonces cuando el soldadito dejó de ser lo que era, un humilde recluta forzoso que hacía la mili en el culo del mundo, para convertirse en otra cosa. En lo que juzguen ustedes que fue. Porque en ese momento, casi con lágrimas en los ojos y temblándole la voz, montó su fusil -clac, clac, chasqueó el cerrojo al meter una bala en la recámara- y le dijo en su cara al poderoso coronel Dlimi, jefe de las fuerzas marroquíes en el Sáhara, estas palabras extraordinarias: «Mi coronel, por mi pobre madre que, como alguien pase de ahí, le pego un tiro».

El aviso me pilló en el bar del cuartel de los territoriales, y a Casas de Piedra me fui, quemando neumáticos en el Seat 600 con el cartel Prensa que teníamos alquilado a medias Pedro Mario Herrero, del diario Ya, y el arriba firmante. Tuve así oportunidad de asistir al último acto del episodio, cuando llegaron los jefes españoles y tras una tensa negociación lograron que Dlimi se retirase con su gente. En cuanto al soldadito que le paró los pies salvando el barrio de una represalia, no eran, como digo, tiempos para la lírica. Me temo que la única recompensa que obtuvo aquella noche fue el cigarrillo Coronas que el comandante Labajos le ofreció de su paquete, la palmada en la espalda del teniente coronel López Huertas y esta página en la que hoy lo recuerdo.
La historia se debe de escribir toda, estos TERRITORIALES, nunca fueron propuestos para medalla alguna, se olvidan muchos actos historicos, de los diferentes cuerpos que prestaron sus servicios en los teritorios del Sahara.